martes, 12 de febrero de 2013

Escape de los clásicos


La estantería «Clásicos de la literatura universal» se vino abajo y los libros se desperdigaron por doquier.
—Señorita, ¿se encuentra usted bien? —le preguntó el hombre a la joven mientras la ayudaba a incorporarse.
—Sí, gracias —contestó ella.
Al visualizar una mano que alzaba uno de los libros y lo acomodaba en su sitio, ambos se escondieron tras el desorden. Conectaron sus ojos, las respiraciones eran agitadas y se reconocieron como lo que eran, dos escapistas.
—Edmond —se presentó él a la par que le extendía una mano.
—Juliet —dijo ella y posó su palma sobre la masculina.
Dirigieron las miradas a los volúmenes sobre el suelo y a los que iban siendo levantados. El temor los recorrió al saber que les faltaba poco para volver a encontrarse encarcelados.
—Tenemos que buscar uno antes de que nos encuentren —dictaminó Edmond con determinación.
—¿Un qué? —preguntó ella sin comprender.
—Un libro.
Juliet abrió los ojos de par en par ante la sorpresa.
—¿Puede hacerse eso?
—No lo sé, pero a través de los años he oído algunos rumores. No pienso volver a mi historia, en la que la persona en quien más confiaba me traiciona y soy encarcelado durante años, por más riqueza material o intelectual y venganza que me depare el final. Así que pienso arriesgarme.
—Yo tampoco quiero suicidarme cada vez que unos nuevos ojos releen las palabras de mi tragedia, si tuviera a Willy delante le retorcería el pescuezo. ¡Ay, qué alivio poder salir de mi parlamento habitual y evolucionar a un hablar más actual! ¡Estaba harta!
—Temo decirte, mi querida Juls, que «Willy» hace años que se ha borrado del mapa, es historia.
Otro libro era puesto en un estante, sostuvieron el aliento temiendo que fuera el de ellos al tiempo que sus corazones latían frenéticamente.
—¡Tenemos que encontrar uno que nos mantenga a salvo! —exclamó él y comenzó a correr sorteando los ejemplares.
—¿Cuál? —cuestionó Juliet.
—He oído hablar de un bosque en el que unos cuantos hombres se encuentran a salvo, pienso dirigirme allí. Busca el título «Robin Hood» —dijo a la vez que continuaba su intensa carrera.
—¿Sigue siendo un clásico?
—Sí —dictaminó él y agregó—: Solo cayó esa —apuntó a la estantería derrumbada—, la contemporánea sigue en pie.
Desviaron la vista hacia el pesado mueble que contenía las historias que ellos deseaban y que las mantenía fuera de su alcance.
—Y allí, ¿qué será de nosotros?
—Este libro ya tiene sus protagonistas. Nos entremezclaremos con los personajes de relleno, aquellos que ni siquiera tienen parlamento. Seremos libres de hacer lo que queramos.
La esperanza brillaba en el semblante de los jóvenes. Se separaron y buscaron con ahínco entre los diversos ejemplares sin hallar el que tanto buscaban.
Ella iba detrás de él cuando tropezó y cayó lanzando un grito.
—¡Edmond!
Él se apuró a regresar por ella, la ayudo a alzarse y tomados de la mano continuaron con su misión.
—Escapamos juntos o no lo haremos —sentenció él. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas, era la primera vez que estaba tan cerca de la libertad.
—¡Aquí! —exclamó ella al punto que intentaba levantar la pesada tapa dura de color verde oscuro.
Él se apresuró a aunar sus fuerzas a las de ella y juntos lograron el cometido. Entrelazaron sus dedos, miraron las hojas amarillentas cubiertas de palabras, inspiraron y saltaron dentro de la nueva historia que cambiaría las suyas. 

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